el cazurro ilustrado

31 diciembre 2009

Entre la superstición y la indefensión: 2010.


Cuando un sujeto está en una situación incontrolable y aprende que el resultado de lo que hace no depende de él entra en una serie de deficits emocionales, motivacionales, y manifiesta síntomas de indefensión o depresión. Sin embargo, algunos sujetos sometidos a estas situaciones, en las que el comportamiento mostrado no sirve para acceder a reforzadores (no hay relación entre la respuesta y el resultado), no se muestran pasivos ni deprimidos, sino que desarrollan patrones específicos de conducta que se denominan “conducta superticiosa” o bien la “ilusión de control”. Esto nos lleva a dos cuestiones claves: ¿ que debemos hacer cuando nos encontramos en situaciones incontrolables?, ¿nos comportamos supersticiosamente o, al no tener el control, dejamos de responder?.
Ejemplos de estas dos posturas nos las encontramos, ahora que es tiempo de pronósticos, en los dos líderes políticos de nuestro país; metidos ambos (y con ellos el resto de los ciudadanos) en un entorno económico incontrolable, opta Zapatero por la ilusión de control y hace algo sabiendo que no hay una relación directa entre lo que hace y los resultados a obtener, pero suponiendo que algún resultado habrá de obtener (refuerzo no contingente). Postura contraria mantiene Mariano Rajoy, cerca de la indefensión, y cuyas palabras parecen describir un estado de depresión patológica en la que nada de lo que se haga tendrá resultados positivos.
Así pues, en los finales de 2009 y en los inicios de este 2010, los ciudadanos tienen dos modelos a los que poder imitar: o seguir haciendo cosas, con la esperanza que algo ocurrirá y que lo que suceda sea para mejor (modelo Zapatero) o llenarse de desconfianza y suponer que, cómo no hay nada que hacer, no hacer nada que no sea deprimirse ( modelo Rajoy). Pero antes de elegir cualquiera de las dos posturas, os deseo un refuerzo no contingente:¡Feliz 2010!.

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16 julio 2008

Conducir(se) supersticiosamente.


Los monjes budistas del monasterio del Garraf en Barcelona han diseñado un casco de color oro y rojo, con simbología pacifista y con el “mantra de la sabiduría” en su interior, ya que, según sus “investigaciones”, el contacto de este mantra con la coronilla del motorista es capaz de cambiar su comportamiento. Hasta aquí la noticia no pasa de ser una curiosidad más de las múltiples que se producen cada día y que tienen como base las creencias religiosas; unos llevan a San Cristóbal, patrón de los conductores, como protector o a cualquiera de las más de once mil vírgenes a las que se les puede atribuir la misma función, o se persignan y rezan mientras conducen a fin de evitar accidentes.... pero la necia curiosidad se convierte en infamia cuando el casco en cuestión se presenta en la Dirección General de Tráfico, con el apoyo de su director.
Los comportamientos supersticiosos en cualquier ámbito de la vida son peligrosos, sobre todo en la conducción, ya que cuando el conductor “ supersticioso” muestra actividades o conductas que no tienen ninguna relación demostrada con el buen conducir, se vuelve responsivo a un conjunto de estímulos que no tienen relación funcional con la buena conducción. Derivar reglas comportamentales de contingencias advenedizas puede suponer ya no solo la irrelevancia de tal comportamiento ( regulado por esa regla) sino que puede tener efectos negativos puesto que el conductor fiará sus prácticas al casco mántrico ( como otros se fían de herraduras, patas de conejo, relicarios o medallas) y las buenas prácticas pierden relevancia en favor de la inmunidad otorgada por el mantra.
Así pues, esperemos que el “mantra de la sabiduría” o su “ángel de la guarda” hagan una extensa mancha de inteligencia en la blanca y larga túnica de la estupidez que llevan puesta quienes fían la conducción a supersticiones.


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