el cazurro ilustrado

10 agosto 2006

Orina infiel.

Cuenta Herodoto que siendo Ferón Rey de Egipto hubo una enorme crecida de las aguas del Nilo que inundaron toda la tierra y causaron graves perjuicios a la economía del país. Muy enfadado el rey quiso castigar al Nilo y le disparó una flecha. La insolencia del rey fue castigada con una ceguera permanente. Elevó Ferón al dios Nilo oraciones y sacrificios encaminados a recuperar la vista pero no obtuvo respuesta. Pasado el tiempo, un oráculo le dijo que recobraría la vista si se lavaba los ojos con la orina de una mujer que no hubiera mantenido relaciones con otro hombre que no fuera su marido. Se puso muy contento el rey porque le parecía muy fácil encontrar el remedio. Empezó por la orina de su esposa, pero no tuvo el efecto deseado. Siguió con la de otras mujeres ilustres y seguía sin ver, probó con mujeres de la más diversa condición y los ojos seguían apagados. Al final funcionó la orina de la mujer de un pobre labrador. Con la vista en perfecto estado, mandó encerrar a todas las mujeres cuya orina no había servido y las prendió fuego. Dice Herodoto que después, en agradecimiento, levantó dos altísimos obeliscos. Cierto o no, este hecho demuestra que la estupidez, el fanatismo y el machismo no son sólo consecuencia de las épocas que a cada cual toca vivir, sino de la propia condición de los hombres, o por decirlo de otra forma, el maltrato y la desconsideración hacia la mujer han existido siempre.