Impuestos incluidos.

Damos al César lo que es del César con la vana ilusión de que nos lo devuelva en infraestructuras, escuelas, pensiones o cualquier otro bien terrenal. También damos a Dios lo que es de Dios con la hueca esperanza de que nos lo reintegre cuando formemos parte de alguna de las categorias celestiales conocidas: ángeles, arcángeles, serafines o querubines.
Vistos los resultados de las cargas económicas que soportamos, parece que damos a Dios lo que es del César y al César lo que es de Dios, porque ni el uno, ni el otro, ni los cotizantes están conformes; los dos primeros quieren más y los terceros en discordía ya están hartos de la sangría.
Mirad la tarifas que encontré en la puerta de una iglesia y sacad conclusiones.