el cazurro ilustrado

11 enero 2006

Cómo rejuvenecer.




Llegó al pueblo un tunante y bribón anunciando que conocía secretos y que tenía poderosos conocimientos; entre otros, el de rejuvenecer a los hombres y mujeres . La prosa del impostor era tan persuasiva, que casi todas las mujeres y hombres del Pueblo le creyeron. Fueron muchísim@s l@s que le pidieron que hiciera con ell@s tan precioso beneficio.
El truhán les ordenó que cada un@ pusiese en un papel su nombre y la edad que tenía, como circunstancia precisa para la ejecución del sortilegio que l@s habría de rejuvenecer. Había gente de todas las edades, susceptibles de volver a ser moz@s: de cuarenta, de cincuenta ,de sesenta, de setenta, de ochenta y hasta de noventa años.
Lo hicieron así puntualmente, sin mentir nadie ni en un día su edad, por no perder la dicha de rejuvenecer. El tunante l@s citó para el día siguiente en la posada donde se alojaba. Vinieron y él, al verl@s, empezó a lamentarse de que un espíritu inmundo, aquella noche, le había robado todos los papeles con los datos de edad, envidioso del bien que les esperaba; así que era necesario volver a escribir cada un@ su nombre y edad de nuevo; y por no retrasarles más el conocimiento ( de por qué era necesaria aquella circunstancia), les declaró, que toda la operación se reducía a que a la que fuese o al que fuera más viej@ entre tod@s, habían de quemarl@ viv@ y comer l@s demás una porción de sus cenizas, así se rejuvenecerían.
Al oír esto, l@s viej@s se pasmaron ; pero crédul@s siempre de la promesa, rápidamente hicieron nuevos papeles, pero no con la legalidad de la primera vez, porque temeros@ cada un@ de que por más viej@ le tocase ser sacrificad@ en las llamas, ningun@ hubo que no se quitase muchos años. La/el que tenía noventa, pongo por ejemplo, se ponía cincuenta; la/el que sesenta, treinta y cinco....
Recibió el picarón los nuevos papeles (con las nuevas edades), y sacando entonces las que le habían dado el día anterior, hecha la comparación de unas con otras, les dijo: Ahora bien, señores y señoras mías, ya lograsteis lo que os prometí: ya tod@s estáis rejuvenecid@s. Usted tenía ayer noventa años, ahora ya no tiene más de cincuenta. Usted ayer sesenta, hoy treinta y cinco; y pasando así por tod@s, huyó con el botín del engaño, más rápido de lo que había llegado.