Cuanto más oigo declarar a los implicados en el caso Gürtel, más seguro
estoy de que han robado y hurtado con la
misma conciencia con la que oraría un
santo varón y más en duda pongo la transparencia, austeridad y honradez que deberían tener los
políticos que nos gobiernan. Estamos en un
caos económico similar al de la Roma de Tiberio. Este emperador
romano, al que Plinio el viejo llamó “el más triste de los hombres”, y así
podría definirse también a Mariano,
instauró la crueldad y el terror que continuaría Calígula, cruel, extravagante
y perverso que quería tanto a su caballo que le convidaba a su mesa y le hacía
beber vino en vasos de oro, mientras el pueblo romano pasaba hambre.
Pero Tiberio tuvo un momento de
lucidez y dijo: “Si agotamos, por el lujo, el tesoro público, será preciso
suplirle por medio del delito”. Eso es lo que
ha pasado en este país: sobrecargar al pueblo con nuevos tributos
que financian sobornos, cohechos, corrupciones y prevaricaciones.