el cazurro ilustrado

06 abril 2008

El optimismo y sus correlatos biológicos.


En un afán desmesurado por reducir todo lo humano a lo biológico, cuyos precedentes se pueden encontrar en la frenología de Gall (1758-1828), según la cual los rasgos del carácter y las facultades intelectuales se manifiestan cada uno por una saliente o «protuberancia» de un punto determinado del cráneo, ahora, numerosas investigaciones se lanzan a la búsqueda de los marcadores “biológicos” de distintos comportamientos “positivos”; así nos encontramos con estudios que relacionan, por ejemplo, el optimismo con bajos niveles de cortisol (hormona del estrés) y niveles reducidos de dos marcadores inflamatorios: la proteína C reactiva y la interleucina 6, o que vinculan la vitalidad emocional, el bienestar positivo y la regulación efectiva de las emociones con la reducción del riesgo de padecer una enfermedad cardiaca. Pero el optimista no lo es por tener bajos niveles de cortisol ni para conseguir una reducción de los dos marcadores inflamatorios; lo es porque ha aprendido a enfrentarse a los problemas cotidianos de una manera eficaz y le son indiferentes ( por no decir que “se la sudan” ) los correlatos fisiológicos o bioquímicos que ocurren en su organismo. Hasta es probable que siga con su mismo estilo de vida aunque la “ciencia” demuestre correlatos fisiológicos no aconsejables. Y es que el optimista sabe que la única verdad es aquella mentira que es útil para la vida y, además, comprueba a cada paso que por muy mal que estén las cosas, siempre pueden ir mucho peor.

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