el cazurro ilustrado

31 octubre 2006

Supuestas promiscuidades.



No parece que haya razones suficientes para atribuir a las gallinas esa promiscuidad sexual que el saber popular les imputa. Hace tiempo escuché a alguien comparar a una mujer con las gallinas de Siracusa, de las que afirmaba que eran tan putas que habían aprendido a nadar para follar con los patos de Tebas.
Tal promiscuidad, si la hay, es en todo caso aplicable al gallo, que debe vivir, en condiciones naturales óptimas, rodeado de ocho o nueve gallinas.
En una ocasión Churchill y su mujer, Clementine, fueron a inaugurar una granja de gallinas. Clementine se adelantó unos metros con un experto que le explicaba el funcionamiento de la cadena productiva. Le decía que los gallos copulaban todos los días con las gallinas. Asombrada, le rogó maliciosamente que fuera a decírselo a su marido. Cuando se lo comentó, Churchill le preguntó: ¿y lo hacen siempre con la misma?, el empleado contestó que no, que siempre con varias y distintas. Churchill, sonriente le dijo:“ hágaselo saber a mi mujer”.
Probablemente fueron los gallos de Tebas los que aprendieron a nadar para ir a ver a las “patas” de Siracusa.