el cazurro ilustrado

20 julio 2007

Acción, fortuna y audacia.


Se disponía el ejército de Jerjes, rey de los persas e hijo de Darío, a conquistar todas las ciudades griegas, cuando Artabano, uno de sus consejeros le advirtió de los riesgos y peligros que suponía aquella guerra, a lo que Jerjes respondió que no debe temerse todo lo que puede suceder, pues si se tuvieran en cuenta las razones contrarias a cualquier acción, jamás se haría ninguna cosa de provecho.
Razonaba que valía más que cualquiera, siempre lleno de ánimo, se exponga a que no le salgan bien la mitad de las empresas, que no estar siempre lleno de miedo y sin emprender ninguna cosa, pues así nada tendrá éxito . Añadía que si uno porfía contra lo que otro dice y no da por su parte una razón convincente que asegure su parecer, éste no se expone menos a errar que su contrario, pues corren los dos parejos en el asunto.
Remató su argumentación diciendo que ningún hombre mortal es capaz de dar un expediente que nos asegure de lo que ha de suceder. En suma, la fortuna por lo común se declara a favor de quien se expone a la empresa, y no de quien en todo pone reparos y a nada se atreve.
Y es que tanto entonces como ahora, la fortuna, caso de intervenir en las acciones humanas, es altamente probable que sólo ayude a los audaces.