el cazurro ilustrado

04 julio 2007

Vergüenza, pecado, delito y estimulación aversiva.


A veces hacemos algo que se sale de lo que mandan las reglas, los cánones, las costumbres, los catecismos o las leyes y aparecen sentimientos de culpa. La culpabilidad se presenta o bien porque en ocasiones anteriores, al mostrar tales comportamientos, nos aplicaron algún tipo de castigo o bien porque anticipamos que pueden castigarnos por lo que hemos hecho o por lo que hemos planificado hacer. Si hemos recibido castigo de la gente de nuestro entorno, decimos que sentimos vergüenza; si quien nos ha castigado ( o ha amagado con hacerlo) es la jerarquía de alguna de las religiones con potestad para hacerlo, entonces se genera el sentimiento de pecado; Si el castigo nos lo aplican los representantes de la ley y el orden, estamos ante sentimientos delictivos. En tales situaciones, es probable que actuemos para evitar el castigo y, a la vez, disminuyamos la vergüenza, el pecado o la culpa, pero nuestras actuaciones s no se explican por lo que sentimos, sino por las contingencias de castigo a las que hemos estado expuestos.
Los preceptos, las normativas, las doctrinas, las prácticas sociales, los principios, las legislaciones y los códigos (éticos y morales) cambian y aparecen entonces nuevas vergüenzas, pecados y delitos que no son más que maneras de referirse a las nuevas contingencias de castigo que llevan aparejadas. Así, comportamientos que hasta ahora eran neutros en cuanto a la estimulación aversiva, se convierten en dianas de expiación, corrección, inhabilitación o sanción. La preocupación por el cambio climático trae consigo contingencias de castigo por no separar la basura, por tener encendido el motor del coche más tiempo de necesario, por poner la lavadora con la mitad de la carga o por olvidar una luz encendida innecesariamente. La preocupación por la salud acarrea contingencias de castigo por comer grasas, ingerir alcohol o fumar un cigarrillo. La preocupación por las muertes en accidentes de tráfico aumenta las contingencias de castigo por ir a más velocidad de lo que indican las señales, por no llevar el cinturón de seguridad o por tomar un chupito antes de ponerse al volante. Internet pone contingencias de castigo a las descargas de música o películas gratuitamente. Un sin fin de nuevas situaciones nos anticipan posibles castigos a recibir o a evitar, por mucho que los llamemos, vergüenza, pecado o delito.