el cazurro ilustrado

21 mayo 2006

Santa Rita, San Urbano y las heladas de Mayo.


Que nunca llueve a gusto de todos es tan verdad como que las heladas no afectan a ninguno por igual. Las creencias de los labradores, como las del resto de los mortales, se basan muy a menudo en las superticiones heredadas de sus mayores y no en los datos que suministran los propios sentidos. Hay muchos refranes falsos y el más falso de todos es el que asegura que todos son verdaderos. Están esparcidos por la montaña muchos aforismos referidos al pronóstico del tiempo. Ahora mismo, temen la noche de Santa Rita (del 22 al 23 de mayo) y la noche de San Urbano (del 24 al 25 de mayo). La casualidad quiso que en un tiempo pasado, por esas fechas, cayeran muy duras heladas, retorciendo y ennegraciendo las hojas de los nogales y llevando al suelo los incipientes berbullos de las cerezas, las manzanas, las peras y los inicios de los demás frutos. Esa contigencia se convirtió en regla: “la helada por Santa Rita (22 de mayo), todo lo quita”. “La helada por San Urbán (25 de mayo), quita vino y no da pan”.
El hacer regla de las casualidades es el principio más ordinario de estas falsas observaciones. Dicen los lugareños que es observación y experiencia continuada desde tiempo inmemorial; pero no ha habido tal observación y experiencia. Dos o tres heladas que hayan caido en esas noches a lo largo de diez o quince años, hacen que queden señaladas como noches nefastas. El año pasado Santa Rita y San Urbano ( y sus heladas) se olvidaron de venir. Estamos a un paso de comprobar que pasará este año. Otro aforismo dice “Dios nos libre de las heladas de Mayo”.