el cazurro ilustrado

03 diciembre 2015

3 de Diciembre. Día de la discapacidad.

   La discapacidad  tiene su origen en las prácticas sociales, no en la falta de inteligencia o en la ausencia, más o menos acusada, de determinadas estructuras corporales, ni en el conocimiento científico al que la sociedad asigna valor de verdad. La discapacidad  no existe si no se la pone en práctica. Aunque la limitación pueda ser fija, podemos superar ( no curar) la discapacidad sin necesidad de terapéuticas especiales, sino a través de las prácticas cotidianas y de la consideración que tenga la sociedad sobre la persona con la supuesta discapacidad.
Sólo si nos comprometemos a su desestigmatización, a su inclusión efectiva, a un trato de respeto en nuestras acciones concretas en la calle, el barrio, el bar, la escuela o la oficina, seremos capaces de construir un lugar en el que todos tengamos cabida, no a pesar de ser-diferentes, sino gracias a ello.
Pero si se quieren cambios de las prácticas sociales establecidas se ha de empezar por el análisis de las consecuencias que las están manteniendo y que no son otras que las contingencias de reforzamiento de la conducta de los individuos que forman el grupo y la organización de referencia. Si queremos establecer nuevas prácticas habremos de asegurar las consecuencias que las mantengan. Somos contrarios a la guerra, pero dejamos que trabajen los arsenales; combatimos el alcoholismo, pero las destilerías hacen toda su producción; luchamos contra el analfabetismo, pero mantenemos a los niños y a los adultos en la ignorancia de todas las cosas esenciales; negamos la discriminación, pero nos apartamos del diferente; nos revelamos contra el consumismo, pero pasamos las tardes en las superficies comerciales comprando cosas innecesarias; criticamos a la televisión-basura, pero conocemos cada uno de sus programas; odiamos que nos rechacen por alguna de nuestras características, pero rechazamos según nuestros prejuicios, que no son pocos, y así un sin fin de contradicciones rigen nuestra vida personal y social.
Decía Lévi-Straus que salvaje es quien llama a otro salvaje, apliquemos este silogismo al tema que nos ocupa y convirtámoslo en una regla de conducta, pero si no es suficiente, recordemos las palabras de W. Shakespeare: “ hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende.” Si de verdad no entendemos la diversidad de los humanos y si no comprendemos que el sentido global de la vida personal sólo puede alcanzarse propiamente en el contexto de las otras personas, capaces no solo de determinar sino también de interpretar el sentido de la vida de los prójimos, entonces encenderemos la hoguera para que ardan cada grupo diferente al nuestro, ya sean los discapacitados, las mujeres, los negros, los ancianos, los bajos, los gordos.....