el cazurro ilustrado

04 junio 2008

Más efectos del cambio climático.



A estas alturas del año y del curso, tenemos un motón de faenas por hacer: la declaración de hacienda sin presentar, los exámenes sin corregir, las notas sin poner, las memorias finales a medias, los niños sin matricular, las vacaciones sin planificar, los correos sin leer, la piscina vacía, la casa sin barrer, el huerto sin plantar, la hierba sin segar, las patatas sin sembrar y las ovejas sin esquilar. Menos mal que hemos encontrado un culpable, origen de todos los retrasos y responsable de la mayoría de los males de este mundo. No es otro que el cambio climático el cual, como genio del mal, no nos permite, aún en las mejores previsiones climáticas, que tengamos un gozo puro y sin mezcla, sino que se complace agitarnos la vida con una continua alternativa de buen y mal tiempo y nos aflige la dudosa serenidad que tenemos con nubes y con nuevas tormentas. Y es que aunque sabemos que nunca llueve a gusto de todos y aunque no ignoramos que nunca llovió que no escampara, parece como si los cambios, además de negativos, sólo ocurrieran ahora.

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24 julio 2007

¿Quién se lleva el verano?.


Si al invierno no se lo come el lobo, al verano no lo traen las declaraciones de las ministras en primavera. Desde los ministerios de sanidad y de Medio Ambiente nos anunciaron hace meses que este verano sería uno de los más calurosos de la historia. El efecto invernadero, el cambio climático y el fenómeno “ el niño” se ponían como las posibles causas de la temible ola de calor y proponían medidas paliativas como la hidratación, la protección del sol y no realizar ejercicio físico en las horas punta solares.Comenzamos a creer en tales augurios cuando comprobamos que no llegaron las temidas heladas de finales de mayo; hicimos acopio de energías, preparamos las presas en los prados para la mejor facilitación de la llegada de los riegos, sembramos tempranamente para que el calor no agostara los frutos y ahora resulta que, ya casi acabado julio, hemos tenido solamente dos días de verano; además, las fuentes naturales que otros años a estas alturas ya no echaban ni una gota de agua, siguen manando; el caudal de agua que dirigimos hacia el riego “a manta” es tan abundante que en la mitad del tiempo que nos llevaba otros años, ya lo tenemos inundados; los prados han producido el doble de hierba de lo esperado; en los árboles frutales no cabe ni un fruto más; los patatales aún no han necesitado del riego para desarrollarse y las vacas retozan alegres entre los abundantes pastizales. Si estos son los efectos colaterales del cambio climático, bienvenido sea el cambio. Pero como es probable que la alegría dure poco en la casa del pobre, no las ministras sino los lugareños, intuyen que este año toca que septiembre seque las fuentes y no se lleve los puentes.

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