Como
visteis en el enlace
de ayer, deambulan por las tribunas públicas y por la red ( webs, foros,
redes sociales o blogs) padres, madres, maestros, profesores, psicólogos,
pedagogos, psiquiatras, pediatras, políticos, orientadores, periodistas,
filósofos…. mostrando su preocupación por la educación. Con diferentes razones
e intereses se cuestionan la educación que tenemos. Estamos en un país que
nunca ha tenido claras las ideas en este tema, pero todo el mundo cree tener
derecho a sembrar de ideas el páramo educativo. La educación que reciben
nuestros hijos, nuestros niños, nuestros alumnos, auténticos príncipes de la
casa, parece que se lleva a cabo con métodos, pedagogías o didácticas de
mendigo.
Educar de modo coherente y sensato requiere olvidar ciertas supuestas verdades
absolutas, mantenidas con argumentos dogmáticos para centrarse en los
conocimientos científicos sobre el aprendizaje (reverso de la moneda
“enseñanza”). Ni políticos y educadores parecen dejar entrar el aire fresco de
los avances del análisis experimental del comportamiento en el sistema
educativo; sin embargo, a veces, abren la puerta a teorías supuestamente
innovadoras que suenan a “renovación “ o a “revolución”. Así, entre aguas
tradicionales y anquilosadas y aguas gratuitamente renovadoras deben nadar
aquellos que con prudencia, cordura y razón son capaces de someter a análisis
crítico estas prácticas educativas, para eliminar lo que ya es caduco y para
incorporar cuanto ha demostrado suficiente validez. Mientras la educación siga
plagada de discursos y metáforas engañosas, seguirá en crisis (fracaso escolar,
bajo rendimiento, pérdida de autoridad del profesor, confusión de valores,
queme del personal…). En este desconcierto y confusión, los educadores se ven
inmersos en la emboscada de un momento social de cambio vertiginoso en la que
carecen de recursos adaptativos que faciliten su misión educativa. Les faltan
recursos porque les faltan criterios. Entre los condicionamientos del pasado o
las infundadas esperanzas de algunos “innovadores” debe abrirse camino una educación
con criterios científicos y experimentales. Si no se hace así, nuestros
príncipes seguirán mendigando
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